
“La cuestión es que, políticamente, la anarquía es la única elección que me permito tomar. (…) No quiero gobernar sobre nadie, ni quiero que nadie me gobierne a mí. Y, en parte, vivo esto como algo espiritual. Porque dentro de mi planteamiento bipolar «fascismo/anarquía», en términos espirituales, una religión que aspira y depende de una creencia general se correspondería en política al fascismo. Por el contrario, la magia sería el correspondiente espiritual de la anarquía, donde puedes darle forma a tu propio universo. Esa es mi dirección actual. Una dirección, en cierto modo, más política e, incluso, más radical que la del anarquismo propiamente dicho porque no se trata tan solo de protestar contra un sistema político, o contra las líneas políticas a partir de las cuales se ordena la realidad. Se trata de estar en desacuerdo con el fundamento mismo de la realidad (…) Y por eso tengo la sensación de que mi trabajo está haciéndose más intenso, más absoluto… Porque me estoy moviendo en un tipo de generalización que la gran política parece necesitar”. Alan Moore (más o menos).
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